¿Qué está pasando?
Empieza por la situación que más se parece a la tuya.
Cada situación trae una lectura breve y uno o dos recursos para empezar. No reemplaza al tema completo: es una puerta de entrada.
En casa
Un no que siempre se discute no habla solo de rebeldía. Conviene mirar cómo se dice ese no, y qué pasa después de decirlo.
Para empezar
Un acuerdo roto no es el final del acuerdo. Es el momento de ver si era claro, si era posible y cómo se retoma sin humillar.
Para empezar
Cuando todo escala, lo primero no es tener razón: es frenar la subida. Lo demás se habla después, con más calma.
Para empezar
Hablar menos con los adultos es esperable a esta edad. Lo que conviene mirar es si se cerró con todos o solo contigo, y desde cuándo.
Para empezar
Una mentira suele hablar de miedo a la reacción, de necesidad de intimidad o de evitar un no, más que de una falta de respeto. La pregunta que ayuda es qué vuelve difícil decir la verdad.
Para empezar
Los adolescentes detectan enseguida por dónde pasa el desacuerdo. No hace falta pensar igual: hace falta no desautorizarse en su presencia.
Para empezar
Esa sensación suele aparecer cuando llevas mucho tiempo sosteniendo sin apoyo. Antes de cambiar algo en tu hijo o hija, vale mirar cómo estás tú.
Para empezar
Cambios en la familia
Lo que más cuida a tu hijo o hija no es que la separación no duela. Es no quedar en el medio de los adultos.
Para empezar
El cambio de casa es el momento más sensible de la semana. Ese mal humor suele ser el costo del traslado, no algo contra ti.
Para empezar
Aceptar a una persona nueva lleva tiempo, y a veces toca la lealtad hacia el otro adulto. No se le puede pedir cariño. Sí respeto. Y vale preguntarle cómo se siente con esa persona.
Para empezar
Puede tener motivos muy distintos, desde una pelea puntual hasta algo serio. Antes de obligar o de buscar culpables, hace falta escuchar.
Para empezar
No hay una forma correcta de atravesar una pérdida. Lo que ayuda es que el dolor tenga lugar y compañía, sin apuro.
Para empezar
Con las pantallas
El tiempo de pantalla dice poco por sí solo. Importa qué hace ahí, qué deja de hacer y cómo queda después.
Para empezar
Cuando las pantallas le quitan el sueño, ya están afectando otras partes de su vida. Es una buena razón para revisar los acuerdos.
Para empezar
Si lo que viste habla de un riesgo (un adulto que le escribe, amenazas, hacerse daño), eso va primero. Si revisaste a escondidas, dilo de frente, para que la conversación no termine siendo sobre eso.
Para empezar
Alguien que pide secreto, halaga mucho o pide fotos es una señal para actuar: guarda los mensajes, corta el contacto y busca ayuda. Y que contarlo no tenga castigo.
Para empezar
Lo primero que necesita escuchar es que no es su culpa. No pagues ni cedas, guarda los mensajes y busca ayuda. Y quédate cerca: la vergüenza puede ser muy intensa.
Para empezar
Con los demás
No es lo mismo tener pocos amigos que quedarse sin nadie. Conviene mirar si es un cambio, y si viene con tristeza.
Para empezar
Lo que para un adulto parece cosa de la edad puede ser, para tu hijo o hija, un sufrimiento de todos los días. La escuela tiene que saberlo.
Para empezar
Criticar a sus amigos suele acercarlo más a ellos. Sirve más conocerlos, y hablar de cómo se siente tu hijo o hija en ese grupo.
Para empezar
Para tu hijo o hija no es poca cosa: ahí está aprendiendo cómo es querer. Tomarlo en serio es la mejor forma de estar cerca.
Para empezar
La violencia en una pareja adolescente casi nunca empieza con un golpe: empieza con celos y control. Cuida el vínculo con tu hijo o hija: es lo que te permite protegerlo. Si hubo golpes o amenazas, busca ayuda sin esperar a que esté de acuerdo.
Para empezar
No hace falta una gran charla ni saberlo todo. Sirven muchas conversaciones cortas, y que sepa que puede preguntarte.
Para empezar
Créele, dile que no es su culpa y que hizo bien en contarlo. No lo interrogues ni le prometas guardar el secreto: busca ayuda especializada.
Para empezar
Que te lo haya dicho habla de confianza. No necesita que entiendas todo hoy: necesita saber que su lugar en la familia no está en juego.
Para empezar
En la escuela
Una baja en la escuela suele ser señal de otra cosa: del ánimo, de los vínculos, del sueño o de algo que le cuesta.
Para empezar
Cuando un adolescente no quiere ir, casi nunca es pereza. Algo de lo que pasa ahí, o de lo que siente al ir, se volvió difícil.
Para empezar
"No me importa" muchas veces protege de "no puedo" o de "tengo miedo de que me vaya mal". Presionar más suele cerrar la conversación.
Para empezar
La escuela ve a tu hijo o hija en un lugar donde tú no estás. Ir a escuchar, antes que a defender o a acusar, suele abrir más.
Para empezar
Cuando algo cuesta siempre, deja de ser una cuestión de voluntad. Antes de buscarle un nombre, conviene mirar qué le cuesta y en qué situaciones.
Para empezar
Lo noto mal
Encerrarse puede ser necesidad de intimidad, que es esperable, o puede ser aislamiento. La diferencia está en si es un cambio, y en si sigue en contacto con otros y con sus cosas.
Para empezar
En la adolescencia, la tristeza muchas veces se ve como enojo. Si dura semanas y le cambia la vida de todos los días, merece una consulta.
Para empezar
La angustia no se calma con "no es para tanto". Primero necesita compañía. Las explicaciones vienen después.
Para empezar
Sentir incomodidad en un cuerpo que cambia es esperable. El desprecio sostenido, no. Ayuda más preguntar cómo está que opinar sobre cómo se ve.
Para empezar
Cuando la comida se vuelve rígida o secreta, casi nunca se trata solo de comida. Si come muy poco, pide una consulta médica esta semana, sin esperar a tener certezas.
Para empezar
Si no sabes cómo se las hizo, pregúntalo sin suponer. Lastimarse a propósito suele ser una forma de calmar un dolor que no encuentra otra salida. No siempre quiere decir que quiera morir, pero siempre pide una consulta.
Para empezar
Tómalo en serio, aunque lo haya dicho al pasar o en un momento de enojo. Preguntar de forma directa no instala la idea: puede ser lo que le permita pedir ayuda.
Para empezar
Me preocupa un consumo
Primero, su seguridad: quédate cerca. Si no logras despertarlo, le cuesta respirar o vomita sin parar, llama a emergencias. La conversación va al día siguiente, sin sermón.
Para empezar
Lo que encontraste pide una conversación directa. Antes, date un rato: lo que hagas en los primeros minutos decide si se abre o se cierra.
Para empezar
Probar no es lo mismo que tener un problema. Lo que conviene mirar es con qué frecuencia, con quién y para qué.
Para empezar
Un acuerdo hablado antes ayuda más que el miedo. Lo que más protege es que sepa que puede llamarte si algo sale mal.
Para empezar
Necesito ayuda
Llegar a ese punto no es haber fallado. Es la señal de que hace falta sumar a alguien.
Para empezar
No hace falta saber qué tiene ni a quién acudir. Un pediatra o un médico de familia puede ser un buen primer paso.
Es lo más frecuente. Puedes proponerlo como una prueba y, si aun así no quiere, consultar tú.
Para empezar
¿No encuentras lo que te pasa? Mira los temas, o empieza por Cuándo y cómo consultar.