Entre el miedo y la negación: revisar mi propio lugar

Frente a este tema, los adultos solemos ir de negar para no angustiarnos a perseguir para sentir que controlamos.

2 min de lectura

Las dos posiciones dificultan acompañar. Reconocer el miedo, sin dejar que maneje todo, permite mirar, preguntar, poner límites y pedir ayuda sin convertir a tu hijo o hija en un enemigo.

Mitos y realidades

Mito

"Si no lo enfrento con dureza, no me va a tomar en serio."

Realidad

La firmeza no necesita agresión.

Mito

"Si lo nombro, se vuelve real."

Realidad

Nombrar una preocupación puede evitar que crezca en silencio.

Mito

"Si tengo miedo, tengo que actuar ya y con dureza."

Realidad

El miedo necesita una pausa para volverse una intervención que sirva.

Mito

"Si se enoja, es que estoy haciendo mal."

Realidad

Que se enoje no quiere decir que el límite esté mal puesto.

Mito

"Si soy cercano, no necesito poner límites."

Realidad

La cercanía y el límite no se oponen. Se necesitan.

Cómo decirlo

Evitar

"Me estás destruyendo la vida."

Preferir

"Esto me preocupa mucho, pero quiero poder hablarlo sin ponerte toda la carga encima."

Evitar

"Te voy a seguir hasta saber todo."

Preferir

"Voy a estar más atento porque me preocupa tu seguridad, y quiero que lo hablemos de frente."

Evitar

"No quiero escuchar excusas."

Preferir

"Quiero escuchar lo que tengas para decir, aunque después tengamos que poner límites."

Evitar

"Me das vergüenza."

Preferir

"Nada de esto cambia que me importas. Justamente por eso no quiero mirar para otro lado."

Para hacer por tu cuenta: una pausa antes de hablar

  1. 1Antes de hablar, define qué quieres lograr: cuidar, entender, poner un límite o pedir ayuda.
  2. 2Evita hablar en medio de una pelea.
  3. 3Escribe tres hechos concretos que te preocupan.
  4. 4Elige una frase inicial breve, que no acuse.
  5. 5Define un límite que puedas sostener, no una amenaza del momento.

Para hacer por tu cuenta: el lugar del control

  1. 1Pregúntate qué controles hacen falta por seguridad.
  2. 2Pregúntate cuáles nacen solo de tu miedo.
  3. 3Distingue supervisar de perseguir.
  4. 4Habla con otro adulto de confianza antes de endurecer medidas.

Qué observar

  • Si pueden hablar sin gritar, humillar ni cerrar la escucha.
  • Si las medidas que tomaste cuidan, o solo castigan.
  • Si los adultos de la casa están de acuerdo o se contradicen.

Una pregunta para quedarte pensando

Cuando revisas, preguntas o controlas, ¿qué buscas: cuidar o calmarte?

Señales para consultar sin esperar

Busca ayuda sin esperar si:

  • Hay una intoxicación: se desmaya, está confundido, vomita sin parar, le cuesta respirar o mantenerse despierto. Eso es una emergencia.
  • Mezcla sustancias, o las mezcla con alcohol o con medicamentos.
  • Sigue consumiendo aunque ya tuvo consecuencias importantes, o no puede parar.
  • Desaparece de casa, tiene deudas o falta dinero.
  • Habla de hacerse daño, o hay violencia.

También si sientes que la familia ya no puede acompañar esto sola.

Ante una emergencia médica, llama al servicio de emergencias de tu país o acude a un servicio de urgencias. No esperes a que se le pase.

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