Cuando hay señales claras: buscar ayuda sin esperar
A quién acudir, qué esperar de la consulta y cómo sostener a tu hijo o hija, y a ti, mientras tanto.
2 min de lectura
Si llegaste hasta aquí con una preocupación seria, lo primero: no es tu culpa, y no es tarde. Los trastornos de la conducta alimentaria tienen tratamiento, y la familia es una parte central de la recuperación.
Por dónde empezar
- 1Pide una consulta médica esta semana: pediatra, médico de adolescentes o médico de familia. Al pedirla, di por qué consultas, para que no la demoren.
- 2Cuéntale al médico lo que observaste. Si hace falta, a solas antes de que entre tu hijo o hija.
- 3Pide que evalúen su estado físico: hay consecuencias que no se ven desde afuera.
- 4Pregunta por un equipo con experiencia en conducta alimentaria: salud mental, medicina y nutrición trabajando juntos.
- 5Si el primer profesional le resta importancia y tu preocupación sigue, busca una segunda opinión.
Quién puede ayudar
Tipo
Pediatra o médico de adolescentes
Para qué sirve
Evaluar el estado físico y orientar los pasos siguientes
Tipo
Psicólogo o psicóloga con experiencia en conducta alimentaria
Para qué sirve
Trabajar lo que sostiene el problema, con tu hijo o hija y con la familia
Tipo
Psiquiatra de niños y adolescentes
Para qué sirve
Cuando hay mucho sufrimiento, riesgo, o depresión y ansiedad asociadas
Tipo
Nutricionista con experiencia en adolescentes
Para qué sirve
Acompañar la alimentación, dentro de un equipo
Tipo
Servicio de urgencias
Para qué sirve
Si hay desmayos, dolor en el pecho o palpitaciones, o no logra retener líquidos
Mientras llega la consulta
- Mantén los horarios de las comidas y la mesa compartida.
- No negocies ni pelees por cada plato.
- Hasta que lo vea un médico, conviene suspender el ejercicio intenso.
- Después de las comidas, quédense un rato juntos conversando o haciendo algo.
- Guarda fuera de su alcance laxantes y medicamentos.
Si tu hijo o hija habla de hacerse daño o de no querer vivir
Tómalo en serio, aunque lo diga al pasar, en broma o en un momento de enojo.
Pregúntale de forma directa y con calma: "¿Estás pensando en hacerte daño?". Preguntar no instala la idea. Puede ser lo que le permita pedir ayuda.
Escucha la respuesta sin regañar ni discutir. "Gracias por decírmelo. No vas a pasar por esto a solas."
Si te dice que sí, o no logras saberlo: quédate cerca, que no quede a solas. Guarda fuera de su alcance los medicamentos y cualquier cosa con la que pueda lastimarse. Y busca ayuda hoy.
Dónde buscar ayuda hoy: el servicio de urgencias de un hospital, el servicio de emergencias de tu país o una línea de crisis.
Lo que puedes esperar
El tratamiento lleva tiempo, con avances y retrocesos. Es frecuente que tu hijo o hija se enoje con el tratamiento y contigo. No es señal de que vayan por mal camino. En muchos tratamientos se le pide a la familia que se ocupe de las comidas por un tiempo: no es un castigo, es sostener algo que hoy no puede sostener a solas.
Mitos y realidades
Mito
"Hasta que no quiera curarse, no hay nada que hacer."
Realidad
No hace falta que quiera. En la adolescencia, el tratamiento puede empezar con la decisión de los adultos.
Mito
"Es culpa de los padres."
Realidad
Las familias no causan estos trastornos. Sí son parte central de la recuperación.
Mito
"Si recuperó peso, ya está."
Realidad
El cuerpo suele mejorar antes que los pensamientos. El acompañamiento sigue.
Mito
"No está tan delgado, no debe ser grave."
Realidad
La gravedad no se mide por el peso.
Algo para ti
Acompañar esto agota. Vas a necesitar relevo, información y un lugar donde hablar de tu propio miedo. Pregúntale al equipo por espacios para familias. Cuidarte no es dejar de cuidar.
Una pregunta para quedarte pensando
¿Quién te acompaña a ti mientras acompañas esto?