Cuándo y cómo consultar
Cómo saber si es momento de pedir ayuda, a quién acudir, qué esperar de una primera consulta y qué hacer si tu hijo o hija no quiere ir.
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Consultar no es admitir un fracaso ni confirmar que pasa algo grave. Es sumar a alguien que mire con ustedes. Muchas consultas terminan en una orientación breve, y ese también es un buen resultado.
Cuándo
No hace falta tener certezas. Tres preguntas ayudan a decidir:
- 1¿Cuánto dura? Algo que lleva semanas y no cede pesa más que un mal día.
- 2¿Cuánto le cambia la vida? Mira el sueño, la comida, la escuela, los amigos y las ganas.
- 3¿Cuánto sufre, o cuánto sufren en casa? El sufrimiento es motivo suficiente, aunque todo lo demás funcione.
Y una cuarta, sobre ti: si llevas tiempo dándole vueltas a esta pregunta, eso ya es una razón para consultar.
Si hay riesgo (habla de hacerse daño, hay violencia, una intoxicación, casi no come), no es momento de esperar una consulta común. Ve a Ayuda en crisis.
A quién
Quién
Pediatra, médico de adolescentes o médico de familia
Para qué
Un buen primer paso. Descarta causas físicas y orienta a quién acudir.
Quién
Psicólogo o psicóloga
Para qué
Un espacio para hablar y entender lo que pasa. No receta medicación.
Quién
Psiquiatra de niños y adolescentes
Para qué
Médico especializado en salud mental. Evalúa si hace falta medicación, por lo general junto con un tratamiento psicológico.
Quién
Equipo de orientación de la escuela
Para qué
Conoce a tu hijo o hija en otro contexto y puede acompañar desde ahí. No hace tratamientos.
Quién
Orientación para madres y padres
Para qué
Es para ti. Puedes consultar aunque tu hijo o hija no quiera ir.
Cómo buscar
- Pregunta en tu seguro o cobertura de salud, en el centro de salud o en el hospital de tu zona.
- Pide una recomendación al pediatra o a la escuela.
- Muchas universidades y organizaciones ofrecen atención a bajo costo.
- Busca a alguien con experiencia en adolescentes: no es lo mismo que atender adultos.
- Comprueba que tenga título y habilitación para ejercer.
- Si hay lista de espera, anótate de todos modos y pregunta qué hacer mientras tanto.
La primera consulta
Puede empezar con los adultos, con tu hijo o hija o con todos juntos, según el profesional y la edad. Te van a preguntar qué te preocupa, desde cuándo y cómo es la vida de todos los días. No hace falta preparar nada. Sirve llevar anotados dos o tres ejemplos concretos.
- Los primeros encuentros son para conocerse y entender. No siempre hay una respuesta en el primero.
- Puedes preguntar cómo trabaja, cada cuánto se ven y cómo va a estar en contacto contigo.
- Un diagnóstico, si lo hay, suele llevar más de un encuentro. Si te dan uno en la primera consulta, pregunta en qué se basa.
- Si después de algunos encuentros tu hijo o hija no se siente cómodo, se puede hablar y, si hace falta, cambiar de profesional. No es empezar de cero.
Lo que se habla ahí, queda ahí
Para que funcione, tu hijo o hija necesita saber que lo que dice no llega a casa. El profesional te va a contar cómo va el proceso, sin los detalles. Hay una excepción, y conviene que los dos la conozcan desde el principio: si hay riesgo para su vida o para la de otros, o si alguien lo está dañando, el profesional tiene que actuar y avisar.
Si tu hijo o hija no quiere ir
Es lo más frecuente. Ir a un psicólogo puede sonarle a "tengo algo malo", o a un castigo.
- 1Elige un momento tranquilo, no en medio de una pelea.
- 2Habla de tu preocupación, no de lo que hace mal.
- 3Preséntalo como una prueba: "Vamos tres veces y después lo conversamos".
- 4Dale parte de la decisión: que opine sobre el profesional y sobre el horario.
- 5Si aun así no quiere, consulta tú. La orientación a los adultos cambia cosas en casa, y a veces abre la puerta después.
"No creo que tengas nada roto. Veo que la estás pasando mal y no quiero que lo lleves a solas. Me gustaría que hablaras con alguien que sabe de esto. Yo te acompaño."
Cómo decirlo
Evitar
"Vas a ir al psicólogo porque estás insoportable."
Preferir
"Quiero que tengas un lugar tuyo para hablar. No es un castigo."
Evitar
"Si no vas, te quedas sin salidas."
Preferir
"Probemos tres encuentros y después lo conversamos."
Evitar
"¿Qué le contaste de mí?"
Preferir
"Lo que hablan ahí es tuyo. No te voy a preguntar."
Evitar
"Ya fuimos una vez y no sirvió."
Preferir
"Quizás no era la persona indicada. Busquemos otra."
Si hay riesgo, la decisión no queda en manos de tu hijo o hija: la consulta la deciden los adultos.
Mientras esperas la consulta
- Sostén las rutinas en la medida de lo posible: sueño, comidas, escuela.
- Deja para después las peleas que puedan esperar.
- Dile a tu hijo o hija que pediste ayuda, y para cuándo.
- Mira las señales para consultar sin esperar del tema que te preocupa.
Si no puedes pagarla
La atención en salud mental no debería depender del dinero, y muchas veces depende. Pregunta en el sistema público de salud, en la escuela, en universidades con carrera de psicología y en organizaciones de tu comunidad. Una primera orientación con el pediatra o con el médico de familia también cuenta.
Para ti
Pedir ayuda para un hijo mueve cosas propias: culpa, miedo a lo que te puedan decir, la sensación de no haber sido suficiente. Nada de eso te hace peor madre ni peor padre. Consultar también es cuidar.
Una pregunta para quedarte pensando
¿Qué tendría que pasar para que pedir ayuda dejara de sentirse como un fracaso?