Separarse también te pasa a ti: revisar mi propio lugar
Tu duelo, tu enojo y tu cansancio también cuentan. Ocuparte de ellos, sin apoyarte en tu hijo o hija, es parte de acompañar.
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Mientras acompañas a tu hijo o hija, tú también estás atravesando una pérdida: de una pareja, de un proyecto, a veces de una casa, de dinero o de una parte de la familia. Es mucho. Y es difícil estar disponible para otro cuando tú también la estás pasando mal.
Lo que suele pasar
- Buscar en tu hijo o hija la compañía que antes daba la pareja.
- Aflojar los límites por culpa, o endurecerlos por miedo a perder el control.
- Competir con el otro adulto por ser el preferido: más permisos, más regalos.
- Leer cada gesto de tu hijo o hija como si fuera a favor o en contra de ti.
- No poder escuchar que extraña al otro adulto.
Nada de esto te vuelve un mal padre o una mala madre. Son las formas en que el dolor de un adulto se cuela en el lugar de un hijo.
Dos trabajos distintos
Dejar de ser pareja y seguir criando son dos trabajos que van a tiempos distintos. El primero incluye enojo, tristeza y, muchas veces, ganas de no ver más a la otra persona. El segundo pide tratar con esa misma persona durante años. Ayuda pensarlo como una relación de trabajo: breve, clara y sobre un solo tema.
Para hacer por tu cuenta
- 1Elige a dos adultos con quienes puedas hablar de la separación sin filtro. Que ninguno sea tu hijo o hija.
- 2Antes de escribirle al otro adulto, pregúntate si el mensaje es sobre tu hijo o hija, o sobre la pareja que fueron.
- 3Detecta tu momento más frágil del día o de la semana, y trata de no tener ahí las conversaciones difíciles.
- 4Cuando tu hijo o hija vuelve de la otra casa, date un rato antes de preguntar.
- 5Si la tristeza, el enojo o el insomnio no ceden con las semanas, consulta por ti.
Lo que tu hijo o hija sí puede ver
No hace falta esconder que estás triste. Ver a un adulto que la pasa mal y se ocupa de eso le enseña más que ver a uno que finge. La diferencia está en quién cuida a quién.
"Estoy triste por todo esto, y es esperable. Me estoy ocupando y tengo con quién hablarlo. Tú no tienes que cuidarme."
Qué observar en ti
- Si hablas de la separación con tu hijo o hija más que con otros adultos.
- Si te cuesta que la pase bien en la otra casa.
- Si los permisos y los límites cambiaron por culpa o por competencia.
- Si estás pudiendo dormir, comer y sostener tu día.
Una pregunta para quedarte pensando
¿Hay alguna parte de este dolor que tu hijo o hija esté cargando contigo?
Para ir más a fondo
Raíces es un espacio para mirar qué lugar tuvieron las separaciones, las ausencias y los silencios en tu propia historia.