Separarse también te pasa a ti: revisar mi propio lugar

Tu duelo, tu enojo y tu cansancio también cuentan. Ocuparte de ellos, sin apoyarte en tu hijo o hija, es parte de acompañar.

2 min de lectura

Mientras acompañas a tu hijo o hija, tú también estás atravesando una pérdida: de una pareja, de un proyecto, a veces de una casa, de dinero o de una parte de la familia. Es mucho. Y es difícil estar disponible para otro cuando tú también la estás pasando mal.

Lo que suele pasar

  • Buscar en tu hijo o hija la compañía que antes daba la pareja.
  • Aflojar los límites por culpa, o endurecerlos por miedo a perder el control.
  • Competir con el otro adulto por ser el preferido: más permisos, más regalos.
  • Leer cada gesto de tu hijo o hija como si fuera a favor o en contra de ti.
  • No poder escuchar que extraña al otro adulto.

Nada de esto te vuelve un mal padre o una mala madre. Son las formas en que el dolor de un adulto se cuela en el lugar de un hijo.

Dos trabajos distintos

Dejar de ser pareja y seguir criando son dos trabajos que van a tiempos distintos. El primero incluye enojo, tristeza y, muchas veces, ganas de no ver más a la otra persona. El segundo pide tratar con esa misma persona durante años. Ayuda pensarlo como una relación de trabajo: breve, clara y sobre un solo tema.

Para hacer por tu cuenta

  1. 1Elige a dos adultos con quienes puedas hablar de la separación sin filtro. Que ninguno sea tu hijo o hija.
  2. 2Antes de escribirle al otro adulto, pregúntate si el mensaje es sobre tu hijo o hija, o sobre la pareja que fueron.
  3. 3Detecta tu momento más frágil del día o de la semana, y trata de no tener ahí las conversaciones difíciles.
  4. 4Cuando tu hijo o hija vuelve de la otra casa, date un rato antes de preguntar.
  5. 5Si la tristeza, el enojo o el insomnio no ceden con las semanas, consulta por ti.

Lo que tu hijo o hija sí puede ver

No hace falta esconder que estás triste. Ver a un adulto que la pasa mal y se ocupa de eso le enseña más que ver a uno que finge. La diferencia está en quién cuida a quién.

"Estoy triste por todo esto, y es esperable. Me estoy ocupando y tengo con quién hablarlo. Tú no tienes que cuidarme."

Qué observar en ti

  • Si hablas de la separación con tu hijo o hija más que con otros adultos.
  • Si te cuesta que la pase bien en la otra casa.
  • Si los permisos y los límites cambiaron por culpa o por competencia.
  • Si estás pudiendo dormir, comer y sostener tu día.

Una pregunta para quedarte pensando

¿Hay alguna parte de este dolor que tu hijo o hija esté cargando contigo?

Para ir más a fondo

Raíces es un espacio para mirar qué lugar tuvieron las separaciones, las ausencias y los silencios en tu propia historia.

Señales para consultar sin esperar

Conviene consultar con un profesional sin esperar si:

  • Cuenta, o da a entender, que en una de las casas no está seguro: hay violencia, maltrato o descuido.
  • Rechaza de forma sostenida ir con uno de los adultos. Antes de obligarlo o de buscar un culpable, hace falta escuchar qué le pasa ahí.
  • Quedó a cargo de un adulto que está mal, o de sus hermanos, de forma permanente.
  • Desde la separación dejó de dormir, de comer o de ir a la escuela, o se aisló, y eso no cede con las semanas.
  • El conflicto entre los adultos incluye gritos, amenazas o violencia delante de tu hijo o hija.
  • Habla de hacerse daño o de no querer vivir.

Si hay violencia o riesgo para ti o para tu hijo o hija, busca además orientación legal y un servicio especializado. La seguridad va antes que cualquier acuerdo.

Si hay un riesgo inmediato, llama al servicio de emergencias de tu país.

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