Evaluación y diagnóstico: cuándo, con quién y cómo hablarlo

Un diagnóstico bien hecho puede orientar y aliviar culpa. No dice todo sobre quién es.

2 min de lectura

Cuándo pensar en una evaluación

  • Cuando las dificultades se sostienen y no mejoran con más esfuerzo ni con el apoyo habitual.
  • Cuando hay un perfil muy desparejo: muy bien en algunas cosas, con grandes dificultades en otras.
  • Cuando las dificultades con los demás no mejoran con el tiempo.
  • Cuando hay una sensibilidad muy marcada a estímulos o a emociones.
  • Cuando hay una historia de dificultades escolares sin explicación clara.
Mitos y realidades

Mito

"Si lo diagnostican, queda etiquetado para siempre."

Realidad

Un diagnóstico bien hecho sirve para orientar apoyos. No tiene por qué encerrarlo.

Mito

"Ya es grande para evaluarlo."

Realidad

Una evaluación en la adolescencia sigue siendo útil.

Mito

"Lo va a usar de excusa."

Realidad

Entender lo que le cuesta no es una excusa. Es información para manejarse mejor.

Mito

"El diagnóstico es lo único importante."

Realidad

Más que un nombre, importa tener un plan de apoyos.

Mito

"Con medicación se resuelve."

Realidad

En algunos casos puede ayudar. Sola no alcanza, y es una decisión médica.

Por dónde empezar

Empieza por el médico o pediatra de tu hijo o hija, o por el equipo de orientación de la escuela. Pueden derivar a quien corresponda.

Profesional

Neuropsicólogo o neuropsicóloga

Para qué sirve

Una evaluación completa

Profesional

Psicólogo o psicóloga de adolescentes

Para qué sirve

Acompañamiento, también de cómo vive lo que le pasa

Profesional

Psicopedagogo o psicopedagoga

Para qué sirve

Dificultades de aprendizaje

Profesional

Terapista ocupacional

Para qué sirve

Sensibilidad a estímulos y organización de lo cotidiano

Profesional

Fonoaudiólogo o fonoaudióloga

Para qué sirve

Dificultades del lenguaje y la comunicación

Profesional

Psiquiatra de niños y adolescentes

Para qué sirve

Cuando hace falta una evaluación médica

Para llevar a la primera consulta

  • Tus anotaciones, con ejemplos concretos y desde cuándo.
  • Informes y observaciones de la escuela.
  • Lo que le sale bien, además de lo que le cuesta.

Cómo hablarlo con tu hijo o hija

Cierra

"No es para tanto, todos tienen dificultades."

Abre

"Hay cosas que a ti te cuestan más. Y hay otras que te salen muy bien."

Cierra

"Si te organizaras mejor, no habría problema."

Abre

"No te cuesta porque no te esfuerces. Te cuesta porque esto, para ti, funciona de otra manera."

Cierra

"No se lo cuentes a nadie."

Abre

"¿Quieres entender mejor cómo funcionas tú?"

Cierra

No hablar del tema: que exista, pero sin nombre.

Abre

"¿Qué te ayudaría en esto que te cuesta?"

Un adolescente que entiende lo que le pasa suele culparse menos y pedir mejor lo que necesita. El nombre que se le ponga es una herramienta. No es todo lo que él es.

Una pregunta para quedarte pensando

¿Qué te daría a ti tener un nombre para lo que le pasa? ¿Y qué te quitaría?

Señales para consultar sin esperar

En cualquier situación, conviene consultar con un profesional sin esperar si:

  • Se lastima a propósito, o habla de morir o de no querer seguir.
  • Tiene crisis frecuentes, con pérdida de control o riesgo de hacerse daño o de dañar a otros.
  • Rechaza la escuela de forma intensa, o ya no sostiene rutinas básicas: dormir, comer, higiene.
  • Está muy aislado, o con un agotamiento extremo.
  • En casa, el cansancio de los adultos está llevando a gritos, amenazas o castigos extremos.

También si la escuela y la familia no logran coordinarse frente a un deterioro evidente.

Si hay riesgo inmediato, acude a un servicio de urgencias o llama al servicio de emergencias de tu país.

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