Cuando su identidad mueve a la familia: revisar mis expectativas
A veces no duele el cambio en sí, sino la distancia con la imagen que los adultos tenían.
2 min de lectura
Cuando un adolescente empieza a diferenciarse, también se mueven las expectativas de su familia. Acompañar pide revisar ideales, miedos y deseos propios, para no vivir su diferencia como una amenaza.
Mitos y realidades
Mito
"Si se diferencia tanto, es que rechaza a la familia."
Realidad
Diferenciarse no siempre es rechazo. Muchas veces es parte de crecer.
Mito
"Aceptar sus cambios es perder autoridad."
Realidad
La autoridad puede sostenerse sin negar quién es.
Mito
"Mi incomodidad quiere decir que algo anda mal."
Realidad
La incomodidad puede ser una señal para pensar, no para reaccionar.
Mito
"Tengo que entenderlo todo antes de acompañar."
Realidad
Se puede acompañar con respeto aunque todavía no se entienda todo.
Mito
"Si no intervengo rápido, va a ir demasiado lejos."
Realidad
Intervenir desde el miedo suele cerrar la conversación.
Cómo decirlo
Evitar
"Yo no te crié para esto."
Preferir
"Puede que esto no sea lo que yo imaginaba, pero quiero poder escucharte."
Evitar
"Me estás desafiando."
Preferir
"Necesito distinguir si esto es una diferencia tuya o si hay algo que tenemos que ordenar."
Evitar
"Esto me supera."
Preferir
"Me cuesta, pero quiero encontrar una forma de acompañarte mejor."
Evitar
"Todo esto es por influencia de otros."
Preferir
"Puede haber influencias, y también quiero escuchar qué de esto sientes propio."
Evitar
"Dime exactamente qué eres."
Preferir
"No necesito una definición cerrada. Me importa saber cómo te sientes."
Para hacer por tu cuenta: separar mi expectativa de su proceso
- 1Escribe qué esperabas o imaginabas para tu hijo o hija.
- 2Identifica qué cambios de hoy te inquietan.
- 3Pregúntate si esa inquietud nace de un riesgo real o de la distancia con lo que imaginabas.
- 4Piensa una forma de acercarte sin imponer tu expectativa.
Para hacer por tu cuenta: mirar el miedo
- 1Ponle nombre al miedo: que lo rechacen, que sufra, perder el control, la vergüenza, no saber.
- 2Distingue el miedo de lo que de verdad está pasando.
- 3Háblalo con otro adulto de confianza antes de reaccionar.
- 4No uses el miedo como argumento principal.
Para hacer por tu cuenta: mirar la urgencia
- 1Identifica qué quieres resolver de inmediato.
- 2Pregúntate si esa urgencia ayuda a tu hijo o hija, o calma tu ansiedad.
- 3Elige algo más pequeño y posible.
- 4Acepta que algunas conversaciones necesitan tiempo.
Una pregunta para quedarte pensando
Lo que te inquieta, ¿es un riesgo para tu hijo o hija, o es la distancia con lo que habías imaginado?