Cuando hay sufrimiento intenso, rechazo o riesgo

La identidad no es una emergencia. La emergencia es el sufrimiento, el riesgo, la violencia o el aislamiento.

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Que esto sea difícil para ti no te hace mal padre ni mala madre. Lo que marca la diferencia no es no tener dudas ni miedos, sino qué haces con ellos cuando tu hijo o hija te necesita.

Cuando hay un sufrimiento intenso, lo central ya no son las opiniones sobre la identidad. Es que la respuesta de la familia puede proteger o puede agravar. El rechazo, la burla, el silencio impuesto, la amenaza de echarlo o la presión aumentan el riesgo. El vínculo es lo que protege.

Lo que no ayuda

  • Ignorar o minimizar algo importante de quién es.
  • Intentar "corregir" o "curar" lo que es parte de quien es.
  • Hacer del tema una batalla permanente.
  • Buscar aliados en la familia para presionarlo.

Lo que puede ayudar

  1. 1Buscar un espacio para ti. Antes de poder acompañar, necesitas pensar lo que te pasa: con un profesional, con un grupo, con alguien de confianza.
  2. 2Mantener el vínculo abierto, aunque no entiendas ni estés de acuerdo con todo.
  3. 3Una sola frase que lo sostenga: "No entiendo todo lo que estás viviendo. Pero te quiero, y eso no cambia".
  4. 4Buscar acompañamiento profesional para los dos.

Si tu hijo o hija habla de hacerse daño o de no querer vivir

  • Tómalo en serio, aunque lo diga al pasar, en broma o en un momento de enojo.

  • Pregúntale de forma directa y con calma: "¿Estás pensando en hacerte daño?". Preguntar no instala la idea. Puede ser lo que le permita pedir ayuda.

  • Escucha la respuesta sin regañar ni discutir. "Gracias por decírmelo. No vas a pasar por esto a solas."

  • Si te dice que sí, o no logras saberlo: quédate cerca, que no quede a solas. Guarda fuera de su alcance los medicamentos y cualquier cosa con la que pueda lastimarse. Y busca ayuda hoy.

Dónde buscar ayuda hoy: el servicio de urgencias de un hospital, el servicio de emergencias de tu país o una línea de crisis.

Si hay una crisis

  1. 1No lo dejes a solas si se lastimó, si habla de morir o si está en una crisis muy intensa.
  2. 2Evita los gritos, los interrogatorios y los castigos en ese momento.
  3. 3La seguridad va antes que las explicaciones: no necesita poder explicar todo ahora.
  4. 4Busca ayuda profesional, o acude a emergencias si el riesgo es inmediato.
  5. 5Cuando pase el momento, no vuelvan al silencio.
Mitos y realidades

Mito

"Si acepto hablar, estoy avalando todo."

Realidad

Hablar no es dejar de pensar. Es no abandonar.

Mito

"Lo hace para llamar la atención."

Realidad

Pedir atención también puede ser pedir ayuda.

Mito

"Mi autoridad depende de imponer mi mirada."

Realidad

Una autoridad que protege no necesita humillar.

Mito

"Esto se resuelve dentro de la familia."

Realidad

Hay situaciones que necesitan una red, profesional y de personas de confianza.

Mito

"Cuando baja la crisis, ya pasó."

Realidad

Después de una crisis hace falta seguir acompañando.

Cómo decirlo

Evitar

"No voy a permitir que seas así."

Preferir

"Puede costarme entender, pero no voy a dejar de cuidarte."

Evitar

"Estás arruinando a la familia."

Preferir

"Esto es difícil para todos, pero ahora lo más importante es que estés a salvo y que estés bien."

Evitar

"Tienes que cambiar para estar bien."

Preferir

"No quiero borrarte. Quiero ayudarte a que no atravieses esto a solas."

Evitar

"No se lo cuentes a nadie."

Preferir

"Vamos a cuidar tu intimidad, y también a sumar ayuda segura."

Evitar

"No puedo aceptar esto."

Preferir

"Necesito trabajar lo que me pasa, para no responderte desde el rechazo."

Para hacer por tu cuenta

  1. 1Mira si hubo gritos, burlas, amenazas, castigos extremos o silencios largos.
  2. 2Pregúntate cómo pudo haberle llegado eso.
  3. 3Pide disculpas si hubo daño. Se puede, sin dejar de ser el adulto.
  4. 4Cambia el objetivo: proteger, no ganar una discusión.

Una pregunta para quedarte pensando

¿Qué necesita escuchar de ti hoy, aunque todavía no lo entiendas todo?

Señales para consultar sin esperar

Conviene consultar con un profesional sin esperar si:

  • Se lastima a propósito, o habla de morir o de no querer seguir.
  • Siente un rechazo intenso de sí o de su cuerpo, o una vergüenza que lo paraliza.
  • Se aisló de casi todo, o dejó actividades que sostenía.
  • Sufre acoso, discriminación o violencia, en la escuela o en cualquier otro lugar.
  • En casa hay humillaciones, castigos o amenazas de echarlo por ser como es.
  • Esconde partes importantes de quién es por miedo a cómo van a reaccionar.

También si los adultos de la casa sienten que no pueden acompañar sin que el conflicto escale.

Si hay riesgo inmediato, acude a un servicio de urgencias o llama al servicio de emergencias de tu país.

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